Sensaciones y postales (Clarín, 31-08-02)
31-8-02

Sensaciones y postales de una enigmática cita con la oscuridad.

Sensaciones y postales de una enigmática cita con la oscuridad. Clarín, sábado 31 de Agosto del 2002 por Ana María Battistozzi

http://www.clarin.com/diario/2002/08/31/s-04001.htm

Performance de Roberto Jacoby. En "Darkroom" (cuarto oscuro), el ex Di Tella lleva el claroscuro de Caravaggio a una provocativa versión contemporánea. Un recorrido por la historia de este personaje "marginal" del arte local.

La visita requería una cita previa. Preciso y enigmático, el Dark Room que Roberto Jacoby armó por escasos días en el subsuelo de la galería Belleza y Felicidad, provocó las experiencias más diversas. A la hora convenida, el visitante era acompañado en su descenso a la oscuridad, previa entrega de una cámara de video con un dispositivo de rayos infrarrojos. Una vez allí, podía elegir mirar a través del lente de la cámara o quedar librado a las sensaciones que produce la pérdida absoluta de visión. Si optaba por lo primero, descubría extrañas cosas y seres de un mundo fantasmático.

Figuras anónimas, autómatas con rostros uniformes y torsos desnudos, que se deslizaban jadeantes por un asiento o se adherían a la pared. Mientras uno planchaba obsesivamente, otros emergían de un viejo secador de peluquería y demás recovecos. Si en cambio, desechaba mirar a través de la lente, la oclusión de la visión aumentaba la percepción del resto de sus sentidos. Moviéndose a tientas, podía escuchar con mayor nitidez las toses, los gemidos, los ruidos y la música que invadían ese ámbito sin referencias espaciales. La experiencia provocó las asociaciones más diversas. Mientras algunos pensaron en un centro de tortura, en el descenso a los infiernos o la Alegoría de la caverna de Platón, otros, más afectados por la realidad argentina, en la emergencia de un submundo de excluidos.

"Lo que me interesa es esa situación de que toda la relación con el mundo esté siempre mediada por un filtro, sea la cámara, las experiencias personales o la propia cultura", dice Jacoby quien reconoce que su propuesta se nutre de una importante cantidad de fuentes que van desde las imágenes medievales de Luca Signorelli y el claroscuro de Caravaggio a los autómatas del joven artista argentino Sebastian Gordin. Concebido como una experiencia que combina la imagen de video, la performance de actores y el sonido, el Dark Room continúa una vieja preocupación de Jacoby. Prácticamente toda su producción desde los años 60 en el Di Tella, han sido acciones, pensadas para intervenir en el circuito de la comunicación.

En 1966, en pleno apogeo internacional del happening realizó junto a Raúl Escari y Eduardo Costa, el Happening para un jabalí difunto, una intervención en los medios por la cual lograron que se publicara la realización de un happening que en verdad nunca tuvo lugar. "Apareció en el diario El Mundo, Primera Plana y prácticamente todos los diarios y revistas de la época", recuerda Jacoby. "Lo gracioso es que hubo cartas de lectores en los diarios y hasta un sociólogo, indignado con semejante frivolidad mientras los niños se morían en Vietnam, imprimió volantes en contra y los repartió en la calle Florida".

Ese mismo año Jacoby realizó también el "Circuito automático", otra acción en la que utilizó una máquina —antecedente del actual contestador telefónico— que respondía a los llamados realizados por gente que contestaba a un número distribuido, junto a un par de fotos, por distintos puntos de la ciudad. " Todas las respuestas que suscitan estas acciones son interesantes", acota este artista de los medios.

Figura central en el arte argentino de las últimas décadas, Jacoby ha optado casi siempre por desarrollar sus acciones desde un lugar marginal. Actual promotor del Proyecto Venus y "Concept manager", de la revista de artes visuales Ramona, (así aparece en el staff) nacida en mayo del 2000 y saludable sobreviviente de la crisis argentina, Jacoby es uno de los pocos artistas de su generación que concita la atención de los jóvenes. En este caso, el Dark Room, los incorporó como actores, asistentes y por supuesto, como activos espectadores.