4-1-03

La cruzada de las revistas

La cruzada de las revistas Clarín, sábado 4 de Enero del 2003 por Ana Laura Perez

http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2003/01/04/u-00601.htm

2002 fue fatal para las publicaciones culturales: los directores cuentan las cuitas y tretas para sobrevivir.

Estructuras mínimas. Menos páginas y papel de inferior calidad. Distribución personal en el exterior. Sitios en Internet, una edición errática. En el peor de los casos, el cierre; en el mejor, la publicación de un número inaugural gracias a algunos ahorros fuera de la tutoría forzosa del corralito. Todas estrategias del débil en el peor año argentino. Las tretas de ese vasto universo que conforman las revistas culturales y que abarca desde los mensuarios para cinéfilos hasta las publicaciones académicas. Filosofía, música, poesía, literatura, arquitectura, psicología, arte, subjetividades, sociología, cine, comunicación. Una lista incompleta de temas que se multiplica, a su vez, en cientos de títulos, cada uno con su orientación y estética, todas ellas con público reducido.

La implosión argentina golpeó a las revistas culturales de manera diferente que al común de las revistas: un mercado que, según la Asociación Argentina de Editores de Revistas, mueve en la actualidad 112,8 millones de ejemplares (circulación nacional bruta de revistas argentinas) y que vendió durante 2001 un 36,1% menos de revistas de todos los géneros (deportes, historietas, femeninas, técnicas, etcétera) que en el 2000. Replay: la circulación bruta de todas las revistas no específicamente culturales que usted ve en los quioscos se desbarrancó de 2001 a 2002 casi 60%.

Las revistas que menos sufrieron el cimbronazo fueron las académicas. Mueven cifras exiguas: van de los 300 ejemplares de tirada, a los más comunes 1.500 o 2.000. Trataron de no aumentar demasiado el precio de tapa y tienen un grupo que espera ávido la aparición sin fecha fija de la revista, tiempo suficiente para juntar los 10 pesos promedio que cuesta cada número. Con matices, en esa situación están Punto de Vista, El Ojo Mocho, Artefacto, Confines, milpalabras, El Rodaballo, Vox yAbyssinia.

Paradójicamente, las que más padecieron los feroces espasmos de la coyuntura económica fueron aquellas claramente comerciales que, comoLos Inrockuptibles, Latido y Clásica, dependían de la publicidad y de la venta en quioscos. Prolijamente editadas, en versiones lujosas para el "Hecho en Argentina", no soportaron la ecuación: aumento de costos + aridez publicitaria + caída de ventas.

Los Inrockuptibles, que imprimía unos 20.000 ejemplares entre el 99 y el 2000, cayó hasta los 4.000 ejemplares en su último número. Ante la pérdida de la regularidad mensual, la salida de la revista de rock fue sacar una edición de emergencia: Furtiva. Achicaron los costos, redujeron la tirada a la mitad y se olvidaron del color. Hicieron algunas ediciones de distribución gratuita y pasaron a librerías y megastores de música; para mantener azuzados a los fans desarrollaron la edición electrónica con Mp3, videos y audios.

Latido, en cambio, tuvo que cerrar. Daniel Ulanovsky Sack, su director, sacó la revista con una estructura a prueba de tormentas. Pero no alcanzó para sortear el desastre. "Las empresas no invirtieron más en imagen en parte por la crisis económica y en parte porque estaban tan devaluadas como la mayoría de las instituciones". La venta cayó a 2.500 ejemplares y cerró en marzo de 2002. Latido fue una de las revistas subsidiadas por la Secretaría de Cultura del gobierno delarruista y su director cree que sería una medida de fomento indispensable en "un país civilizado y libre de manejos políticos".

Para Gustavo Noriega, codirector de la revista de cine El Amante, la frustrada eliminación del IVA al precio de tapa —bochada por Cavallo— complicó aun más el futuro de la publicación que llegó a su piso de ventas a fines de 2001. "La gente estaba con la cabeza en cualquier parte menos en el cine". "El año que vivimos en peligro", como califica Noriega a 2002, empezó de la peor manera: por primera vez no publicaron. Ante el riesgo concreto de cierre, los lectores volvieron a comprarla en febrero y siguieron pidiéndola cuando, a mediados de año, el precio de tapa se fue a $ 9,50. Hoy se estabilizó en los 1.400/1.500 ejemplares mensuales, lo que tampoco garantiza su publicación estival. Como Los Inrockuptibles, El Amante pasó por una crisis de contenidos. "Con la suba del dólar la oferta de estrenos se redujo a nada y las películas independientes o periféricas desaparecieron de cartel".

Dedicada a las artes visuales, Ramona es otra revista que no pudo mantener su periodicidad de 10 números anuales: en 2002 fueron 8 y, si el horizonte no escampa, podrían ser 6 en 2003. Roberto Jacoby —su mentor— ha hecho varios cambios: de gratuita pasó a costar $ 5, redujo su tirada a 1.500 ejemplares y salió a la caza de suscriptores, canjes y anunciantes. Jacoby, que criticó públicamente la burocracia de los subsidios, cree que, más que apoyo estatal, publicaciones como Ramonanecesitan de una clase alta sensible al arte. Se lamenta: "Todos los países tienen una elite que apoya revistas así. Acá los ricos gastan en cuadros y no están interesados en reflexionar sobre la obra que compran".

En tierra yerma, desembarca la colombiana Gatopardo, una especie deVanity Fair latino, la única de preservada mensualidad. Por increíbles $5,50, 178 páginas a todo color y un despliegue y producción envidiables. De circulación hemisférica, Gatopardo excede el límite del periodismo cultural para rozar las orillas de la crónica política y social, género que en América Latina siempre destila literatura.

Decana y milagrosa, Diario de poesía no se interrumpe desde 1986 y acaba de estrenar su página web. Hablar de poesía, dirigida por Ricardo Herrera, acaba de sacar su octavo número. Vox, la revista emblemática de Bahía Blanca, sigue esperando que se cumpla una promesa. Gustavo López y un equipo de poetas aguardan los $ 2.000 que se les adeudan del ya mítico subsidio, salvavidas de plomo que puso a las exquisitas revista y editorial en serio riesgo: entregaron los ejemplares comprometidos por reglamento pero nunca cobraron. De los 4 números anuales, bajaron a 3 y pronostican dos en 2003, con las mismas 60 páginas y un precio que no puede bajar de los $15, el doble que antes.

Marcelo Cohen, coeditor de la literaria milpalabras, es contrario a los subsidios: "En España vi cómo las políticas públicas aplastaban a las revistas culturales. Sinceramente, no estoy seguro de que el contribuyente deba ayudar a sostener una revista que debe poder mantenerse y demostrar por sí sola que merece esa ayuda". El también cree que "es hora de que los ricos argentinos, como los de cualquier parte, empiecen a financiar y auspiciar buenos productos culturales". milpalabras no podrá editar en 2003 los 3 números anuales que se había propuesto inicialmente. Este año sacaron un solo número con más páginas, del que llevan vendidos 3/4 de una tirada de 1.000 ejemplares. Además de la venta en librerías tienen pedidos del exterior. Pero no pueden financiar el costo del correo que supera el del ejemplar.

Consecuencia directa del descalabro cotidiano que fue para cada argentino 2002, tampoco lograron reeditar Artefacto, la revista sobre técnica y sociedad que dirigen Héctor Schmucler y Christian Ferrer, ni El Ojo Mocho, nucleada en torno de Horacio González. Mientras el quintoArtefacto está en "construcción", el número 17 de El Ojo está escrito. Sus responsables calculan que lo tendrán en la calle en marzo.

García Cambeiro, librero especializado en ventas a universidades e instituciones del exterior, armó un catálogo de revistas culturales que está ofreciendo en todo el mundo y que se va poniendo lentamente en marcha. Punto de Vista, en cambio, tiene un sistema eficaz de venta en el exterior. Con 25 años de experiencia, la revista que dirige Beatriz Sarlo imprime 300 números en papel especial para los suscriptores del extranjero. Como esa tirada conserva su valor en dólares ayuda a costear la edición local de 2.000 ejemplares. La crisis hizo que PdeV pasara de los quioscos a las librerías. Adrián Gorelik, miembro del consejo de dirección, cree que eso motivó "una revinculacion con los lectores que buscaron interpretaciones al desastre. Interpretaciones que venimos haciendo desde antes de diciembre 2001".

Horacio Tarcus y Blas de Santo, editores de la revista de izquierda independiente El Rodaballo, agotaron los 1.200 ejemplares del último número, que se retrasó hasta junio por los cambios de contenido. "No alcanzaba con mantener el plan inicial y agregar un dossier diciendo ''Esto también pasó en el país''", dice Tarcus, a quien le sorprende la escasa reacción de las revistas culturales ante la debacle. "Cada una respondió con las herramientas que tenía y la mayoría fue refractaria a pensar la absoluta novedad de la crisis. Apenas sacaron notas instando a la recuperación institucional. En nuestro caso, casi todos se metieron de lleno en el fenómeno de las asambleas barriales y eso se vio en el pronunciamiento de la revista por nuevas formas políticas acordes a un país en estado de disolución".

En el campo de las revistas académicas, Confines también se dedicó a la crisis. El problema para Nicolás Casullo y los suyos fue cubrir los costos que siempre asumió el equipo. Aparecida en abril del 95, Confines intenta mantener una regularidad de 2 números anuales o —en su defecto— un número doble de 300 páginas, algo que no consiguió esta vez. Abyssinia, la revista de poesía que conducen María Negroni y Jorge Monteleone acaba de sacar el segundo número que tiene, por si hiciera falta acumular ironías, fecha de edición "diciembre 2001". Si su continuidad estuvo amenazada por la falta de papel, que dio para 500 ejemplares, su objeto la inmuniza: "Como la poesía cuenta con la eternidad puede permitirse todo anacronismo y habilita el optimismo", dice Monteleone.